Seguramente una de las coas que haces con asiduidad es escuchar música, ver series o películas y, por supuesto, leer (libros, no ‘feeds’ de Instagram). Muchas de estas cosas las haces con servicios de streaming como Netflix o Apple Music. Veamos qué juego da el NAS como centro de ocio ya que con él disponemos de una genial plataforma para el entretenimiento para toda la familia.
El «antes»
Pertenezco a la generación que vio nacer los «walkman», los CD, los videocasstes; la que usaba cintas de cassette para grabar la música de «Los 40 principales», la que pasaba las hojas de papel enmohecido de «La Regenta», la que tenía que revelar las fotos en papel para poder verlas; la generación de las TV de rayos catódicos, de las 625 líneas, de la carta de ajuste… quizás hasta te resulte arcaico oir hablar de reproductores de MP3 o del iPod… es lo que tiene el paso del tiempo.
Antes era común disponer de tu colección de discos, CDs, videocassettes y, como no, de libros, perfectamente ordenados en algún mueble ex profeso en el salón. Todo esto forma parte ya del baúl de los recuerdos.
El «después»
Si bien escucho música y veo pelis en servicios de suscripción, he ido ripeando mi música y mis pelis, o he ido obteniendo los ePubs de aquellos libros en papel que he querido releer. He digitalizado las fotos en papel más relevantes y, desde hace décadas, todas las fotos las tomo de forma digital. Ya no adquiero libros en papel y, en muy contadas ocasiones, compro un CD o DVD físico.
El NAS es el lugar donde fotos, música, películas, series, vídeos familiares o libros electrónicos residen para ser consumidos de forma ubicua. Pare ello uso las aplicaciones que el propio NAS dispone en su centro de paquetes o bien levanto algún contenedor Docker con la aplicación que creo más conveniente.
De esta forma:
- Para fotos uso Synology Photos, como paquete de Synology.
- Para vídeo uso Jellyfin, como contenedor docker. Antes usaba Synology Video, pero Synology decidió retirarlo de su centro de aplicaciones.
- Para música uso Audio Station, como paquete de Synology.
- Para libros usos Calibre, como contenedor docker.
- Para RSS uso Fresh RSS, como contenedor docker.
Así, tanto nos da estar frente a la TV, en el salón de casa; frente al portátil, en la habitación de un hotel; frente al iPad, en el bus… el ocio siempre está al alcance de toda la familia.
En la era del contenido volátil, el NAS es el único lugar donde lo que es tuyo, sigue siendo tuyo para siempre. -Alquilar digitalmente o depender del catálogo de una plataforma es, muchas veces, un acto de fe. Con el NAS recuperas esa tranquilidad noventera de saber que tu película favorita sigue en la estantería exactamente donde la dejaste.
Hay un beneficio secundario del que rara vez se habla pero que se disfruta a diario: la total ausencia de anuncios y de algoritmos intrusivos. Abrir tu propio reproductor significa ver lo que realmente quieres ver, sin banners, sin pausas publicitarias a mitad de reproducción y sin una IA intentando decidir por ti cuál debe ser tu próximo consumo.
Conclusión
En definitiva, el paso del formato físico al streaming comercial nos aportó una comodidad insuperable, pero integrar un NAS en el hogar ha representado el paso definitivo hacia la soberanía digital. No se trata simplemente de acumular terabytes de almacenamiento, sino de recuperar el control sobre nuestra propia biblioteca cultural y familiar, sin depender de la caducidad de licencias, cambios de catálogo o incrementos de tarifa de las grandes plataformas.
Mi NAS ha dejado de ser un simple servidor para convertirse en la biblioteca, el videoclub y el álbum familiar de nuestra casa. Un centro de entretenimiento privado y omnipresente que logra fusionar lo mejor de dos épocas: el sentido de pertenencia y valor de las colecciones físicas de antaño, junto con la inmediatez y ubicuidad de la era digital.